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La "capacidad" para gobernar del Pepe Mujica


Mucha gente se pregunta si el Pepe Mujica tendrá “capacidad” para gobernar el Uruguay. También se lo preguntó cuando ganó Evo Morales en Bolivia ¿Porqué se lo pregunta? Porque lo escucha en los medios audiovisuales y también porque desde tiempos inmemoriales nos han metido en la cabeza que la capacidad para gobernar nuestros países está íntimamente ligada a la posesión de títulos universitarios y post grados. Títulos y “chapa” como la que ostentan Domingo Felipe Cavallo, José Luis Machinea, o Roque Fernández.

¿De dónde procede este bolazo? Del pensamiento hegemónico que se genera en las usinas ideológicas de los sectores dominantes. La idea básica es que las cosas están más o menos bien, que el dibujo de la sociedad es funcional a sus intereses y que de lo que se trata, entonces, es de administrar bien los destinos del país. La pregunta es en qué consiste “administrar bien los destinos del país” y la respuesta es facilonga: Administrar bien los destinos del país es, para los sectores dominantes, mantener la estructura socioeconómica tal como está y transferir más recursos desde los sectores populares a los grupos concentrados cuando sea necesario (las famosas y recordadas “reformas pendientes” de las que tanto se hablaba en tiempos del Mingo ¿Te acordás?)
Por eso se dice que “se necesitan buenos administradores”. Buenos gerentes para conducir esta empresa que para ellos es el país.
De todo esto deviene entonces que capacidad para gestionar estará signada por los títulos pero también por otra condición ya no de tipo académico. Me refiero a la sujeción política e ideológica para con un determinado estado de cosas. Así nos encontraremos con que a gente con escasa “preparación” como el Momo Venegas no le van a cuestionar su capacidad para ejercer una diputación nacional ni al diente De Angeli para subirse al palco de la Sociedad Rural Argentina.

Pero esto es internacional, eh. Fíjese usted señora que en los mismísimos Estados Unidos no se sonrojaron al tener durante ocho años a un cachorro de Gran Danés en la Casa Blanca.

La duda que desde el dispositivo mediático se instala sobre la capacidad del Pepe Mujica o Evo Morales se fundamenta en cuestiones políticas e ideológicas.

Las mismas cuestiones a las que se aferran para seguir haciendole creer a millones de argentinos bien pensantes que Mauricio Macri es un hombre capaz.

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Quién le dispara al agua?


No se trata de contraponer una cosa con la otra pero uno no puede quedarse en el molde cuando escucha en un informativo radial que “crece la indignación por el asesinato de la docente en Derqui” y a continuación que “Ya suman más de 10.000 lo evacuados por las inundaciones”

¿Cómo es que no crece la indignación por las inundaciones?

¿Cómo se explica que no crezca también la indignación por los tres chiquitos que asesinó el agua?

Aclaremos ya mismo que está bárbaro que crezca la indignación por la muerte de la docente, pero estaría mucho mejor la cosa si también la hubiera por los angelitos fallecidos en Chaco y Corrientes ¿no?

Indignación por la muerte de la maestra y solidaridad por con los 18.000 afectados por las inundaciones sólo en la provincia del Chaco, entre los que se cuentan 1.700 niños…

Marchas para clamar “SE GU RI DAD” en Derqui y “SO LI DA RI DAD” para con nuestros hermanos inundados.

El dispositivo mediático reacciona con sus viejos reflejos fabricando enormes cadenas de solidaridad que tienen éxito, antes que nada, porque la gente buena se conmueve y saca algo de lo mejor que tiene, además de frazadas que ya no sabía dónde colocar. Entonces esa misma señora que entra en pánico por el asesinato suburbano al rato está culo pa’ arriba buscando ropa y demás yerbas para sumarse a la cadena de solidaridad.

La gente pone (ponemos, pongo) una cara muy especial cuando concreta un acto solidario. Basta observar el rostro de quien se toma el trabajo de buscar una monedita en el tren para depositarla en la mano de esa niñita indigente. En el instante en que la chiquita le agradece con esos ojitos penetrantes con que los chicos devuelven un gestito, la cara de ese pasajero es por un instante angelical, inocentona… y hasta si se quiere siente “cosita” por la buena acción (El domingo pasado en las inmediaciones de mi casa amanecieron todos los cestos de basura en el suelo, señal de que algunos pibes enemistados con “la sociedad” habían calmado su bronca…Créanme que dudé antes de colocarlos nuevamente en su lugar y hasta que lo hice porque era muy temprano y nadie me veía…)

¿Por qué intimida hacer cosas buenas por los demás?

La gente es solidaria

¿Es solidaria?

¿O será que la solidaridad tiene distintos grados de profundidad?

¿O será que hay solidaridades de distintas calidades, como los jeans?

¿O soy yo que mezclo las cosas al pensar que una solidaridad de las mejores, de las más puras sería tomar conciencia de que estas inundaciones están íntimamente ligadas a la gran cosecha de soja que se avecina y que a su manera la lucha de clases conurbana ha vuelto a cobrarse otra víctima que hasta incluso pertenece al mundo asalariado?

“El que mata debe morir” volverá a rugir la pantera rubia.

Ponele que capturen a los asesinos de Derqui.

¿Y al agua matadora del litoral quién la ajusticia?

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La gente, la tele y la muerte


La escena es más o menos así: Los vecinos de un barrio cualquiera de la ciudad de Buenos Aires o el conurbano están reunidos en la esquina porque alguien llamó a los medios y anduvo avisando que tipo 18.00, 18.30 vendrán algunos móviles. Se van juntando de a poco y distribuyendo en grupitos donde, naturalmente, se habla de la inseguridad y se comentan detalles del hecho sangriento acontecido en la otra cuadra.
Llega el primer móvil y causa ese “no se que”, ese cambio de rictus que sufre la gente cuando llega un móvil de un medio. (Porque en los tiempos que corren la combi con el logo de un canal es lo más cercano que hay a la fama, a la justicia y a la gloria. El móvil en mi cuadra la engalana. Mi cuadra ya no será la misma después de que un puñado de móviles estuvo acá y yo tampoco seré el mismo, máxime luego de haberle comprado ese agüita al periodista que me guiñó el ojo y me hizo una seña como diciendo “Quedate acá cerca que arranco con vos”)

Llegó el primer móvil pero todo sigue más o menos tranqui. Es de un canal de cable. Pero cuando llegan las combis de Telefé o de Canal 13/TN te quiero ver…
Los rostros comienzan a transformarse y cuando minutos después los técnicos le dan la orden al movilero para que empuñe el micrófono y se ponga en posición de disparo, cuando la potentísima luz blanca ilumina al enviado especial, en ese mismo instante ya no queda nada de aquellos vecinos que una hora antes compartían amablemente su preocupación por el actual estado de cosas. Ahora están todos brotados, crispados, con esos ojos desorbitados que exige la tele para apiadarse de uno. Si los ojos están normales y denotan cierta paz, no sirven, no son ojos de TV. Lo mismo que con las comisuras de la boca: si no están levemente torcidas para abajo, esa cara no es televisable.

No reúne los requisitos básicos, no califica…

Ahí están los vecinos, arremolinándose y pisoteándose para salir en la tele y disfrutar de sus 12, a lo sumo 15 segundos de fama (porque los 30 sólo los da Marcelo) ¿Al fin y al cabo no estamos para eso? ¿Qué logro supera el haber estado en la tele para la buena gente?
Qué vale más que esos segundos en la tele?
Qué vale más que ese llamado del cuñado de Neuquén que llegará después de la cena, o esa señora que mañana me mirará con cara de “¿Este tipo no es que salió ayer con Biasatti?”

Los medios nos hacen creer que suministran justicia, además de fama, entonces los vecinos pugnan por salir en la tele porque cándidamente creen que ahí conseguirán lo que les niega el Estado. En esa misma tele donde uno entre millones gana cinco lucas con Susana una vez por semana, otros sienten que han hecho algo por la sociedad cuando tan sólo han sido extras de un show reaccionario y pueril que vive cual vampiro moderno de ellos.
La misma tele que los hace gastar fortunas en mensajitos, la misma tele que los hace endeudarse con la tarjeta para comprar plasmas de setecientas pulgadas, la misma tele que les hace comer chatarra en 12 cuotas y luego les ordena clavarse un actimel para cagar mejor; la misma tele que administra sus magros salarios ahora les vende un humo de justicia que dura menos que un paco.

Los pastores electrónicos le han acercado a Dios a sus fieles, por eso su potencia creciente, porque le hacen creer al desesperado que en esos shows del sábado a la nochecita Dios está más a mano que en la Iglesia ceremoniosa y aburrida de los curas católicos.

La tele hace lo mismo con la justicia. La tele acerca la justicia a las almas desesperadas por eso los vecinos se arremolinan en torno al movilero, porque creen honestamente que ese acto provee justicia…

¿Al fin y al cabo no se trata de meras abstracciones?

La pobre gente cree que llamando a los medios le acota el margen de acción al delito y está bien que crea eso. Bah, no está bien. Quiero decir que a la postre cada uno se agarra de lo que tiene a mano para sobrellevar el sacudón que genera la muerte cuando pasa cerca.

Lo dice alguien que vive muy cerca de un paso a nivel y huele a menudo el aroma de la muerte, lo dice alguien que experimenta la sensación horrenda de pasar a metros de esos manchones de cal y arena con que los empleados de TBA y los bomberos tapan las manchas de sangre que han quedado sobre las vías, lo dice alguien que ha escuchado el tronar de la bocina desesperada y ha sentido el chirriar frenético de la mole tratando de frenar lo infrenable…
Lo dice alguien que ha escuchado el ruido sordo, apagado, del impacto del convoy contra un cuerpo humano…

Si eso me pasa a mí, que convivo con una muerte si se quiere más honesta, no tan delictual, no quiero imaginarme lo que genera la muerte armada, la muerte desatada por pendejos que matan sin ton ni son, total, esta noche o mañana serán ellos los que mueran. Lo saben, bien que lo saben y por eso, entre pacos y otras yerbas, no le hacen asco al gatillo, total…total mañana es nunca, mañana es quien sabe. Total que no tienen mañana, loco.

Por eso la gente cree que en ese móvil de un canal viene Dios, Ceferino Namuncurá, Evita y el Llanero Solitario con Toro y Plata

¿Y qué querés que hagan?

La gente no puede hacer otra cosa, pero sí los medios. Sí los dirigentes políticos. Y lo que habría que hacer sería, antes que nada, un pacto, un gran acuerdo de que con la muerte no se jode ni se juega ni se hace campaña. Mientras ese pacto no se concrete y mientras los que saben cómo viene la mano se hagan los giles y los que informan lucren con el pánico popular, no hacemos más que arrimarnos al pantano.

Es muy fulero saber que todo es una gran mentira. Es horrible saber que lo único que espanta al delito es el trabajo y la dignidad. Y es peor aún tener que morderse en la panadería porque si decís esto te miran como a un boludo.

Es horrible sentir que esos pibitos de 8 años que usan la escalera mecánica del subte como tobogán, dentro de cuatro o cinco años, si sobreviven a su entorno y a la policía, cuando puedan sostener un arma, saldrán a cagar a tiros a esa misma sociedad que vieron pasar indiferente delante de sus narices desde el mismo día en que tuvieron uso de razón.

No hay Estado de Sitio que valga ni patrullas vecinales que puedan lograr un solo triunfo ante la muerte porque una sola víctima en un conglomerado urbano de 15 millones de habitantes, una sola muerte, injusta, al pedo y al voleo que encima sea amplificada con un machaqueo mediático irresponsable y perverso bastará para poner todo patas para arriba.

Mientras tanto, mientras el trabajo no llegue y la dignidad no pase cerca, solo resta esperar el nuevo cadáver y que los vecinos se arremolinen cada vez más cerca de las comisarías y que vuelvan a llegar los móviles de la tele y que de Narváez aparezca con esa cara actuada, preparada, moldeada por expertos en imagen a decir que se está llegando al límite…

Y puede que su victoria llegue un día y mágicamente la seguridad “se haga” en un lapso de tiempo en el que todos estaremos felices imaginando ilusoriamente al delito en retirada…

Hasta que las pujas intestinas de la bonaerense arrojen un par de cadáveres inocentes y suburbanos y algún canal vuelva a mandar un móvil a las 18.00/18.30 y los vecinos vuelvan a aferrarse a ese movilero como si fuera el Papa y la tele reincida en traficar justicia en formato de 22 a 29 pulgadas.

Y la muerte, socarrona, turra y lasciva se dé el lujo hasta de plagiar al gordo susurrando:

“Alguien dijo que yo me fui de mi barrio
Pero cuando, si siempre estoy llegando”

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¿Maldita policía?

Sor Juana Inés, decía que quienes acusaban eran la razón de aquello que culpaban, y con la policía ocurre lo mismo. La policía está tan lejos de ser maldita como bendita, es lo que han hecho con ella, y terminamos culpando al monstruo que creamos.
La policía, en nuestro país, se formo como un cuerpo militar, y no como un cuerpo que tenía por objetivo garantizar la seguridad de los ciudadanos, sino garantizar un orden político o determinados intereses. El Martín Fierro, nos presenta policías al servicio de un juez de paz corrupto, que se quedaba con las propiedades de quieres eran enviados a la frontera, o a la guerra. Si leemos la historia de Rosas, vemos que al ser nombrado a cargo de la gobernación se dedicó a visitar pueblos del interior de la provincia y removió funcionarios policíacos y jueces de paz (Saldías, Historia de la Confederación Argentina), de donde puede verse que José María Hernández, no estaba muy herrado al describir la conducta de jueces y policías.
Cuando las ciudades crecieron, la policía fue un cuerpo auxiliar del poder político en la represión social, como ocurrió a principios de siglo con la represión de las protestas de los habitantes de los conventillos de Buenos Aires y las protestas obreras anarquistas y socialistas, donde se llegó a disparar contra la población civil desarmada. Ese uso de la policía como fuerza represora continuó bajo todos los signos políticos que ejercieron el poder y se intensificó durante los gobiernos surgidos de golpes militares, donde incluso se puso a la policía bajo el mando militar. La estructura organizativa actual de la policía responde a esta historia, sus cuerpos tienen una estructura militar, y gran parte de sus cuadros son entrenados y asignados a tareas de represión de las protestas sociales.
El otro fenómeno asociado a la estructura policial, son las relaciones entre sus mandos y el poder político, que ha obligado a los mandos a ignorar delitos de referentes políticos, a ser instrumento de presión a políticos opositores, a realizar tareas de inteligencia a favor de gobernantes y tantas otras cosas. Ese uso de la policía, se pagaba con ascensos que nada tenían que ver con la capacidad policíaca, con impunidad para que funcionarios policíacos incursionasen en áreas marginales (juego clandestino, prostitución, contravenciones, manejo discrecional en la instrucción de sumarios, etc.) obteniendo rédito por ello. Esta “marginalidad” consentida generó una connivencia de policías con delincuentes, que permitió que sugieran “delitos amparados” como el juego clandestino, trata de personas, venta de artículos robados, lo que en la jerga se llama “delito de guante blanco” o “delito fino”. El avance de la ilegalidad y el progreso en leyes que evitaban el castigo de ciertas conductas y la participación de dirigentes políticos en el amparo de formas de delincuencia fueron desplazando la participación de policías hacia los “delitos duros”, encontrándonos con vinculaciones entre funcionarios policiales y el tráfico de drogas, secuestros, robos, asaltos, atentados terroristas y homicidios.
En el otro extremo de la fuerza policial, los cuadros subalternos, se encuentran mal pagos, mal equipados, mal entrenados y mal considerados por la mayoría de la población, que los asocia con las prácticas antes descriptas y de las que la mayoría no participa. Estos policías son victimas fáciles de una delincuencia que los enfrenta bajo los efectos de la droga y con armas de gran porte, sabiendo que si son heridos y deben ser retirados de la policía, sus pensiones no podrán garantizar la supervivencia digna de sus familias, lo mismo que si son muertos. Si hieren o matan al delincuente enfrentarán sumarios y juicios, que afectarán sus ingresos (ya que mientras dura este proceso, no podrán realizar horas extras o tareas auxiliares que le permiten completar un ingreso digno) y pueden llevarlos a la expulsión de la fuerza o a la cárcel.
Este nuevo Leviatán, aparece entonces como: un cuerpo estructurado militarmente, que destina gran parte de su capacidad a la represión social, a la custodia de intereses privados o particulares; vinculado a sectores del poder oficial que los utilizan para sus propios fines políticos o económicos; con un régimen de promoción que no depende de sus meritos como custodio de la seguridad pública; con cuadros mal pagos, mal equipados, mal preparados y peor dispuestos; con vinculaciones entre algunos funcionarios y criminales; y en un escenario de aumento de la delincuencia por causas socio-económicas.
Si queremos que esta policía cambie, debemos pensar en una nueva policía, en una nueva estructura de la policía, en un nuevo régimen para el personal policial, en una nueva definición del rol de la policía en la sociedad y en un presupuesto acorde a esa nueva fuerza. Una fuerza que no debe dejar de lado a la mayoría de los actuales policías, debe dejar de lado la concepción de la institución como una organización vinculada al poder político, organizada militarmente, cumpliendo roles que no le son propios (custodios de particulares, carceleros, represores de protestas sociales, etc.) y con una acumulación discrecional de poder en distintas áreas de su estructura.
Este problema, en síntesis, requiere de definiciones y acuerdos políticos para refundar la institución policial, pero no a partir de impulsos individuales o espasmódicos, sino en consensos que permitan definir a la seguridad pública como una política de estado, y dentro de ella a la institución policial. Una institución policial que se ha desvirtuado por acción u omisión de una clase política que ha usufructuado de ella hasta convertirla en la “maldita policía”, denominación que gran cantidad de sus cuadros no merecen o al menos no son ni culpables ni partícipes.

Homenaje a un Joven de 70 y pico…

Juan Carlos Alecsovich es un joven de 70 y pico de años, poeta, peronista, militante, un estimadísimo compañero que me permite asomarme a un mundo donde su permanente asombro, ese que lo convierte en joven, se expresa en estudio, meditación, observación de calle y militancia, que la eleva a la categoría de arte al convertirla en poesía.
Juan Carlos es ese tipo de persona generosa que comparte su poesía para que la disfrutemos, asomándonos a profundas reflexiones, fruto de su estudio, a su aguda observación de la vida y la calle, fruto de su militancia en la causa nacional y popular y sobre todo al dificilísimo arte de expresar con poesía, las profundas causas de una dolorosa realidad.
Quiero, con este modesto homenaje, expresarle mi gran estima y profunda admiración, al compañero, al militante y al poeta, pero sobre todo al joven que hay en él, porque joven es quien no pierde su capacidad de asombro, y eso lo moviliza al estudio, a la propuesta, al compromiso y a la militancia. Muchas personas con pocos años, no tiene su juventud y nada los sorprende, nada los moviliza, creen que nada puede cambiarse, que nada puede hacerse y entonces, no hacen nada.
Por eso, Juan Carlos es un ejemplo para los que todavía no queremos volvernos viejos y para que, los que tienen pocos años, no envejezcan. No son las canas lo que nos vuelven viejos, es nuestro espíritu, y Juan Carlos de eso sabe mucho.
Pero no estaría completo un homenaje a él sin hacer mención a su alter ego, Martín Airón, de quien mas que decir algo, mejor es disfrutarlo.
Un enorme abrazo, mi joven compañero Juan Carlos Alecsovich
LA SOCIEDAD
por Martín Áiron

Estamos todos enfermos, enfermos, “fermos”, cerrados
prisioneros del pecado, bajo el peso del desliz
de “no saber ser feliz” como Borges ha expresado.

Parecemos atacados por un sombrío pesimismo,
por el peso de “sí mismo”, por la inmensa soledad
de buscar la “libertad” a través del egoísmo.

Salvaje individualismo, competencia encarnizada,
la “yoidad” que es expresada por la evasión del consumo
mientras se convierte en humo la Felicidad buscada.

“Poder” que no puede nada. poder del Yo sobre el Nos.
Poder que “imagina” un dios, aunque Dios sea algo tan cierto
que en vez de juzgarnos muertos nos ama probándonos.

Si el “Yo” y el “Tú”, en vez de dos, asumieran la “Unidad”
y vieran la “Humanidad” como algo que nos contiene,
cada cual sabría que tiene, en ella, su Eternidad.

Ser “con Otros”: LIBERTAD. Ser “en el Otro”: Conciencia.
Hallarse en “Otros” : Presencia. Amarse en “Otro” : Piedad.
Sentirse el “Otro” : Humildad. Darse con Fé : Independencia.

No alardear de nuestra Ciencia que es tan sólo un artificio,
emergente y subrepticio del “poder” que nos corrompe
y una Armonía que se rompe con paganos sacrificios.

El “juicio” adorando al “Juicio”. La corrupta muchedumbre
reprimiendo, por costumbre, lo que siente el corazón…
Y endiosando a la Razón que maneja podredumbre.

Infierno como obra cumbre. Campanas como señuelos
de un mísero y pobre Cielo que es como un salvoconducto
para implacables corruptos que lo administran con celo.

Lo Sagrado a contrapelo de la única Verdad,
convertida en “propiedad” por la absurda irreverencia
de explotar nuestra inocencia prometiendo Eternidad.

Y en la cruel impunidad del sacrílego entimema
creer que Dios es un teorema que se puede demostrar
mientras nuestro astro solar humildemente se quema.

Jueces, juicios, anatemas, torturas, inquisiciones…
Envilecidas legiones de arcángeles vengadores
o demonios represores clausurando corazones.

Santidad para adulones y fanáticos conversos
que por caminos diversos adhieren a un fanatismo
donde el pensar por sí mismo es un pecado perverso.

Mientras tanto el UNIVERSO, visto en toda su grandeza,
con su imponente belleza, silente, mirándonos,
nos dice mudo: SOY DIOS… ¡Pero no entro en tu cabeza!